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No nombres a la bicha

20 Jun

Una amiga mía tiene tal fobia a las arañas que ni siquiera puede pronunciar la palabra “araña” y, como mucho, puede hablar de “la bicha”.

No sé si es una leyenda urbana pero cuentan que un comerciante, harto de que la gente pusiera como excusa para regatear o para no comprar, la manida frase de que “la cosa está mal”, colgó un cartel en el que se podía leer: “Prohibido hablar de la cosa”.

Viene esto a cuenta de los tiempos duros que vivimos, en los que es muy fácil deslizar un comentario que se nos volverá en contra un minuto después. Será difícil ilusionar a un cliente para que decida comprar si antes hemos estado comentando lo mal que está el mundo. No digo con esto que haya que contar películas, simplemente no mentar a “la bicha”.

Hace unos días tuve la oportunidad de comprobar lo que creo que es un error al plantear un lema que, precisamente, trata de animar a la compra.

Ambientémonos…

Estamos en un centro comercial en el que la dirección ha repartido unos adhesivos de gran tamaño, que quedan pegados en los escaparates de las tiendas. Hay cuatro lemas diferentes y cada tienda luce sólo uno. No tengo mucho que objetar a los tres primeros lemas, salvo que no sean especialmente brillantes, pero creo que el último es realmente desafortunado.

Ahí van:

La primavera, la moda altera… ¡déjate llevar!
Más primavera, más moda, mejores precios.
Ingredientes de primavera para una receta de estilo con aromas de descuentos.
Cero culpabilidad, diez en estilo.

Creo que todos, en mayor o menor medida, sentimos ciertos remordimientos acerca de nuestra manera de comprar en los últimos años, y éste es uno de los motivos, entre otros, por los que hemos pasado de un consumismo alocado a aplicar una estrategia de “economía de guerra”, con el resultado conocido de derrumbe del consumo privado.

Las compras de productos que no sean de primera necesidad requieren de un estado mental positivo. Toda invocación a actitudes pasadas negativas, malas noticias o predicciones catastrofistas jugarán en nuestra contra. Atención a los pequeños detalles, ya que estos elementos negativos pueden llegar desde fuentes tan inofensivas como una radio funcionando para ambientar, un periódico dejado en el mostrador o una conversación telefónica supuestamente confidencial.

Así que cuidado con  nombrar a “la bicha” en el punto de venta.

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