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iPhone 4S: ¡Es la experiencia de usuario, estúpido!

“¡Es la economía, estúpido!“

A esta célebre frase se le atribuye una gran parte del éxito de la campaña electoral de Bill Clinton en el año 1992 con la que derrotó a George Bush padre.

La paternidad de la frase corresponde a James Carville, responsable de la estrategia electoral de Clinton. En principio, fue diseñada para concienciar al equipo de colaboradores de la importancia de la economía como argumento para llevar a su candidato a la Casa Blanca.

La fuerza descriptiva de la frase fue de tal magnitud que terminó por entrar en la campaña y, tras el triunfo de Clinton, se convirtió en un clásico que se ha reutilizado en muchas y variadas formas.

He querido recordar esta historia tras leer los primeros análisis surgidos de la presentación del iPhone 4S y he querido, también, hacer mi versión de la frase:

“¡Es la experiencia de usuario, estúpido!“

Y es que, en la mayoría de  análisis iniciales, lo que hacen los expertos es centrarse en comparar las características técnicas del nuevo modelo con el anterior o con otros modelos de la competencia.

Si esto fuese tan sencillo, el éxito de cualquier producto estaría asegurado antes de su lanzamiento simplemente con presentar una lista de características técnicas superiores a las de su competencia.

Sin embargo, esto es algo más complejo.

Hay muchos otros factores que condicionan el éxito o fracaso de un producto, solo cito unos pocos:

  • Que las mejoras técnicas supongan un beneficio real e importante para sus potenciales usuarios.
  • Que la marca sea capaz de transmitir correcta y claramente estas ventajas.
  • Que los beneficios para el cliente compensen la diferencia de precio.
  • Que las mejoras no impliquen gastos o compras adicionales.
  • Que la marca del producto tenga credibilidad como generadora de innovación.
  • Que las mejoras no supongan una mayor complejidad de uso.

Pero, ante todo, es la experiencia de usuario la que determina el éxito del producto:

La facilidad de uso, la integración con otros aparatos, la ergonomía, el diseño, las posibilidades de personalización (tanto en accesorios como aplicaciones) si hablamos de factores asociados al producto, pero también valores asociados al usuario como lo deseable y valioso que sea el producto, su capacidad de generar valores diferenciales y, a la vez, sentimientos de pertenencia a una “tribu” o de generar emociones y experiencias.

En definitiva, las características son importantes, pero hay otros factores mucho más determinantes. Quienes ahora hablan de decepción ante la presentación del iPhone 4S son algunos de los que, en su día, eligieron al iPad como “el gadget más inútil del año” y lo definieron como “un iPhone grande”.

No hay que explicar demasiado de la experiencia de usuario de la saga iPhone, convertida ahora en un estándar para todo tipo de dispositivos táctiles, y ampliada en otros dispositivos de la marca como iPod y iPad.

Según mi parecer, aquello por lo que se recordará este lanzamiento se llama Siri, y es el asistente de reconocimiento por voz que, utilizando inteligencia artificial y GPS, elevará la interacción con el nuevo dispositivo y la experiencia de usuario a un nivel desconocido hasta ahora, en el que podremos realmente hablar de experiencias de usuario emocionales.

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Foto y vídeo: Apple 

 
 

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Happy pills: Convirtiendo chuches en experiencias

En un post de hace unos días, en el que hablaba de gestionar novedades y tendencias, decía que, en ocasiones, la novedad está en vender el mismo producto de una forma diferente. Si además, somos capaces de crear un ambiente atractivo y dotar de un gran valor añadido al producto, entonces nos encontramos, con toda probabilidad, frente a una memorable experiencia de compra.

La farmacia que vende “píldoras de felicidad”

Y todo esto es lo que hace Happy Pills de manera brillante.

Esta cadena de tiendas, que ya cuenta con seis locales abiertos, cuatro de ellos en Barcelona, nació en Barcelona en un pequeño local de 28 m2, alejado de colegios y sin público infantil en los alrededores. Sería esta peculiaridad la que obligaría a presentar el producto al público adulto como “píldoras de la felicidad”.

Partiendo de este enfoque, el equipo de decoradores proyectó una ambientación basada en una farmacia que, de manera desenfadada, “dispensara” dichas píldoras. Para ello, diseñaron un local blanco, con la característica cruz presente en todas las farmacias, aquí de color fucsia.

Los males que curan estas píldoras son de lo más variado, pero agrupados en cuatro grupos: mal de amores, problemas del trabajo, cicatrices en la amistad y desgaste sexual. Los síntomas de estos cuatro males están perfectamente descritos en la deliciosa página web, de la que destacaría el divertidisimo tratamiento del mal de amores.

El packaging, elemento clave

Una vez identificado el mal que nos aqueja, será el momento de elegir el tipo de envase de nuestra medicina, a elegir entre frascos, pastilleros, kits de emergencia o packs temático. Cada envase tiene un precio, que será el que paguemos en caja, solo nos queda elegir las “píldoras” y llenar el envase de aquellas que más nos gusten.

Ejemplos como el de Happy Pills nos demuestran que con una correcta orientación y argumentación al cliente se pueden crear nuevos nichos de mercado, experiencias de compra memorables y, en este caso, felicidad.

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Foto: Celestino Martínez

 
 

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